No sólo póker juega el hombre. Existen muchos más juegos que son realmente divertidos y que demandan atención, suerte y estrategia. Así es el caso de Uno, el juego donde uno gana cuando se ha quedado sin ninguna. Es así como suena. En otros países el nombre de este juego puede cambiar pero la forma de jugarlo es la misma.

Primero que nada se debe tener en claro que se jugará contra otros rivales, así que cada uno vela por sus intereses. Las cartas se reparten, 7 para cada jugador. Y una carta abierta en la mesa.

Una vez hecho esto se procede en turnos regulares a colocar cartas encima de la mesa que tengan el mismo palo o el mismo número. Es decir, se tienen que seguir siempre una secuencia lógica. De figura o de número. Esto hará que también existan cartas especiales que puedan crear un giro en el juego y cambiar la naturaleza de las cartas, lo que hará que los participantes deban cambiar de estrategia rápidamente.

Cuando un jugador no posea una carta para colocar en la mesa y seguir la secuencia deberá “robar” las cartas que sean necesarias del mazo que quedó hasta conseguir una que pueda colocar en la mesa. Eso hará que si se roba muchas veces las probabilidades de acabar con sus cartas serán más reducidas. Algo malo pues el objetivo es deshacerse de ellas.

El juego termina con la victoria del jugador que deje su última carta en la mesa. Para esto será necesaria que la última carta sea colocada según como en todo el juego. No hay consideraciones especiales, solo que se anuncie y que la carta siga el palo o número del mazo. Luego de eso se puede seguir jugando con los que todavía conservan cartas y ver quienes quedan en segundo o tercer lugar.